Primitiva López, una Linasina de 98 años

Primitiva López Otal nació el 24 de febrero de 1910 en Otal, en casa Mateo. Su pueblo natal, actualmente deshabitado, pertenece al municipio de Broto y se encuentra a 1465 m de altura, siendo el pueblo situado a mayor altitud de todo el Pirineo occidental.
Asegura sentirse Linasina. Hoy quiere contarnos sobre su vida, su pueblo y sus quehaceres cotidianos.

…"Mi abuela aunque pequeñeta de estatura es muy nerviosa e inquieta de personalidad. A su edad, 98 años, aún se interesa por aprender cosas nuevas preguntando por todo aquello que no entiende y le rodea (nuevas tecnologías y, cómo no, de cotilleos). Siempre se ha valido por sí misma hasta hace poco y desde ese momento lo ve todo como el fin. El no poder caminar, el no poder ver con claridad le angustia. Aunque lleva muchos años viviendo en Barcelona su cabeza continúa en Linás. Si antes de ir a dormir le hablas sobre Linás esa noche seguramente soñará con su pueblo, con todo aquello que hacía de joven, como ir de pastora con el ganado. Recuerda muchas cosas del pasado y algunas de ellas, como escuchar el paloteau, le dan mucha nostalgia".


Mi madre era María Oliván Otal, nacida en casa Sebastián de Yésero y mi padre Florencio López nacido en Basarán pero trasladado al poco tiempo a casa Mateo de Otal, donde vivió.

Éramos ocho hermanos pero todos murieron de pequeños excepto tres: Jacinta, diez años mayor que yo y Francisco, cinco años menor, ya fallecidos.

Un día que estaba limpiando la escuela en Otal vi a un chico que bajaba con unas alpargatas blancas y pregunté quién era. Me contestaron que era Antonio Villacampa Ramón, de casa Cucharas de Linás de Broto, y que estaba mirando machos para comprar. Él era cinco años mayor que yo, del 23 de febrero de 1905. Nos presentó Serafín de casa Melchor y nos casamos el 16 de julio de 1936 en Linás, pocos días antes de estallar la Guerra Civil española.

Cuando me trasladé a vivir a Linás, en casa Cucharas vivían los hermanos de Antonio: Amalia de 20 años, Sebastián de 23 años, Andrés, que moriría poco después en la guerra y un sobrino, Antoné de 9 años (José Antonio de casa Pelay). Los suegros habían fallecido.

Antes de casarme había estado únicamente una o dos veces antes en Linás. Para mí Linás era la gran ciudad. Vendían carne en casa Parache, y hasta escuchaban la radio. Cuando llegué a Linás a la única persona que conocía era a Elvira de casa Carrera, que había nacido en Yésero y nos habíamos visto varias veces allí, cuando visitaba a la familia.

El origen del nombre de casa Cucharas lo desconozco, sólo se que hacían zoquetas para segar.

En Linás nos dedicábamos al ganado. Teníamos vacas, cerdos, conejos, gallinas y ovejas.
En Otal teníamos ovejas y campos donde cultivábamos hierba y trigo con el que fabricábamos pan; parte lo vendíamos y parte lo utilizábamos como moneda de cambio. Íbamos al molino de Bergua a moler el trigo y tardábamos 3 horas caminando. También hacíamos queso. Una arroba de queso la intercambiamos por una arroba de aceite. En Yosa se producían buenas manzanas y las intercambiábamos por patatas.

En Bergua había un tendero que vendía tela y luego nosotros nos cosíamos la ropa y a veces la maestra de Basarán, por una pieza de pan hecho al horno, nos cosía una blusa.

Los zapatos los comprábamos en casa Sebastián de Biescas. Me acuerdo que un día llevé 11 docenas de huevos a Biescas y bajando por Gavin sólo se me rompió un huevo. Íbamos a Fiscal a comprar sal para el ganado. Qué piernas más fuertes tenía yo por entonces!

He tenido cuatro hijos. De mayor a menor son: Cochita, José, Andrés y Angelines, a los que crié y con los que he sido muy feliz.
La primera vez que bajé a Barcelona fue cuando Conchita dio a luz a Merche en 1967 y enfermó. Bajé en autocar y luego cogí un taxi hasta la dirección que me habían dado.
Poco después de morir mi esposo el 25 de noviembre de 1975 vendimos el ganado y el 3 de mayo de 1976 Pepito y yo bajamos a Barcelona a vivir a Cornellà de Llobregat, al lado de mi otro hijo Andrés.

Hoy estoy cansada, tal vez mañana te hable del paso a Francia. Estoy contenta de que mi nieta sepa entender la vejez y sepa escuchar mis recuerdos.


Lourdes Gil Villacampa


Los inmigrantes nunca olvidan


Mercedes es una mujer nacida en la Ribera Sacra,provincia de Lugo.
Ella es de complexión normal pero muy fuerte interiormente y nos cuenta cómo llegó a Barcelona en 1963 y cómo han sido sus días hasta hoy…
...“Me vine sola con 25 años, en un tren de carbón que tardó en llegar a Barcelona 3 días. Por compañeros una maleta y mil pesetas que me entregó mi hermano. Mí hermana me esperaba en la estación.

Me incorporé inmediatamente a trabajar en la misma casa donde trabajaba ella, estuve viviendo y trabajando allí hasta que me casé. Éramos mujeres en busca de un futuro.

-"Acudí a la escuela como cómputo global un mes, lo justo para aprender a leer y escribir".

No todos los casos son los mismos, pero en el mío, volver al pueblo hubiera sido un fracaso. El tiempo me da la razón; a día de hoy solamente vive una persona en mi aldea natal, todos se fueron.


- Conocí al que sería mi marido en “el Casinete de Horta”.Los inmigrantes nos juntábamos allí los domingos, fiesta a descansar.Era un estupendo baile, había un peculiar vigilante que se encargaba de separar a las parejas cuando el acercamiento entre ambos cuerpos superaba el palmo de distancia".

...” A mí me gustó nada más verla”- dice Antonio, achinando los ojos al reírse.

Antonio, es natural de Linás de Broto, de Casa Loaso, nacido en el año 36. Y como muchos, también emigró a una gran ciudad en busca del progreso.

...Me subí al tren con destino a Barcelona en el año 62, tenía 25 años. Éramos muchos los que emigramos.Mis compañeros de viaje fueron Carmencita de Casa Juan Camón, Alicia de Casa Tienda y si no recuerdo mal, Pili de Casa Elías. Teníamos tanta ilusión!.Como enseres llevaba una maleta de madera, un pañuelo fardero, nueve pesetas que me dio mi madre, y muchos nervios ante lo desconocido”.


Mercedes y Antonio viven en Esplugues de Llobregat. Llevan casados cuarenta años y son padres de dos hijas.

Entre 1860 y 1970 salieron de su país rumbo a América y luego Europa,más de un millón de españoles. A Cataluña llegaron, sobre todo, con la oleada migratoria de los años 50, andaluces, gallegos, aragoneses y castellanos. Esta emigración fue de estancia y no de paso. La mayoría de los que vinieron a trabajar se quedaron y Cataluña fue, además, tierra de acogida para los españoles que volvían de Suiza, Alemania o Francia.

Tengo tantos recuerdos!.Pero quiero centrarme en Linás, en el momento vacaciones, mes agosto. Una semana preparando maletas, revisando el vehículo Seat 127 color marrón, despedidas de los que se quedan, comprar mapas actualizados, planificar la ruta más rápida y económica, concienciación de las eternas caravanas a las salidas y entradas en las ciudades, la sensación de velocidad provocada por el aire de las ventanillas. Y esas miles de paradas en el camino, para comer, para descansar, para ir al baño. ¿Pero a quién le amarga un dulce?, y así era viajar.



La cámara de fotos siempre fue nuestra aliada. Mi padre empeñado en inmortalizar nuestros viajes se dedicaba a hacernos posar con nuestra mejor cara, en el coche, debajo del puente, ahora en el cartel de Bienvenida a Aragón, etc.

Un mes después, nos convertíamos en testigos de cómo mi progenitor miraba por el agujero de la realidad. Nuestras personas se reducían a cuerpos sin cabezas. Lejos quedaban ya en el recuerdo aquellas sonrisas “profidén” que con tanto esmero prodigábamos…


El regreso a Barcelona era igual de impactante aún si cabe, habíamos viajado tanto y tan intensamente, que al entrar en nuestra casa,casi no la reconocíamos, pero lo que sí sabíamos es que empezaba la normalidad y que duraría por lo menos un año hasta las próximas vacaciones.


Treinta y tantos años después, mi padre dejó la imagen fija para dedicarse al vídeo.
Mi madre sigue haciendo tiempo en la espera a que mi padre grabe sus reportajes.
Mi hermana es madre intentando despuntar en el mundo del diseño.
Yo soy fotógrafa, me dedico a fotografiar personas. Intento sacarlos con cabeza, aunque a más de uno/a lo decapitaría, técnica Antonio, por querer aparentar ser lo que no son.

Juntos, los hijos de los inmigrantes, nunca olvidan sus raíces y las transmiten de generación en generación.

“El inmigrante no protesta, emigra”,

Barcelona les brindó las oportunidades que ellos venían buscando. Nunca se sintieron discriminados.

-"Pero hicimos los trabajos peor pagados"-, dice Antonio y sonríe resignado.

Por la calle pasa una mujer peruana con un niño envuelto en un gorro y una bufanda. Es frecuente ver emigrantes por estos barrios.

-"Se vienen por hambre, como vinimos nosotros"- dice Mercedes-, “pero claro, cada día hay más”.

¿Nos falla la memoria histórica?


…Por Merce Carrera